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Alcalde invirtió 20 millones y ya entregó los primeros 50 animales

En Estados Unidos los niños van a la escuela en burro

La Alcaldía repartió 300 bicicletas entre los estudiantes del municipio, pero los campesinos reclamaron, y el único vehículo equivalente al artefacto de dos ruedas fue uno de cuatro patas.
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Yessenia es la profesora de Estados Unidos. Apenas tiene 23 años y, sin embargo, ha sabido superar la pobreza reinante para intentar enseñarle a los niños que sí es posible un mejor país.
Texto y fotos
José Alejandro Castaño
Enviado especial a Becerril

Para aprender a leer y escribir, Luis José Buelvas, de once años, debe caminar tres horas por una trocha de piedras y pantano desde su casa hasta la escuela que se llama igual que el pueblo donde vive: Estados Unidos, un caserío del municipio de Becceril, en el departamento del Cesar.
A veces el niño llega tan sudoroso y cansado que se queda afuera del salón de clases recobrando el aliento, después se quita el barro de la suela de los zapatos, se sacude el sudor, se alisa el cabello y entra a aprender gramática y ortografía, aunque tales cosas parezcan lecciones inútiles en un mundo rodeado de árboles gigantes, ciervos, culebras venenosas, osos de anteojos, cerdos salvajes y, dicen los viejos, dos leopardos sobrevivientes de la última cacería organizada por ‘los gringos’, que es el gentilicio oficial para los nacidos en esta ribera de la serranía del Perijá.
Ahora Luis José se ríe y se rasca la cabeza. Es mediodía y el sudor se le acumula arriba de la boca como un bigote de agua. El pequeño está pensativo: no sabe qué nombre le pondrá al burro que acaban de darle para que ya no tenga que caminar tanto cuando vaya a la escuela. Es un asno gris, de rayas en la panza color chocolate, orejas lanudas y pestañas muy largas. Todo es idea del alcalde de Becerril, Carlos Alberto Támara.
Hace apenas un año, el funcionario repartió 300 bicicletas entre los estudiantes del municipio, pero entonces los campesinos de las zonas montañosas le reclamaron y el único vehículo equivalente al artefacto de dos ruedas fue uno de cuatro patas. En Estados Unidos el burro al fin ya no es más la metáfora de la ignorancia. Luis José revela que quizás el suyo se llame Supermán. “Si fuera hembra hubiera sido Shakira”, dice, y bosteza, después se ríe.
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Los animales pastan en las afueras de la escuela de Estados Unidos.
Los campesinos los sienten como miembros de la familia.
…El horror

En un costado de la única calle del pueblo la gente se aglomera para contemplar los animales recién llegados. En ese lugar, justo alrededor de un almendro, las hordas guerrilleras primero y las paramilitares después acribillaron a hermanos, esposos, abuelos, amigos, novios… Estados Unidos casi desaparece porque los gringos que no murieron comenzaron a marcharse. La última matazón fue culpa de alias ‘39’, un verdugo mala caroso que ordenaba cortar cabezas, piernas y brazos al compás de vallenatos y rancheras.
El dominio de los paramilitares llegó a ser tan absoluto en Estados Unidos que nada, ni siquiera las vacas que pastaban, podían pasar de largo. Los únicos que podían ir y venir eran los hombres de las autodefensas, casi siempre a bordo de camionetas de vidrios polarizados. Una mujer recuerda que una tarde pasaron con un muchacho amarrado a un campero y que lo exhibían como a un trofeo de carne. En el pueblo, cada quien perdió a alguien y nunca sirvieron los rezos ni las súplicas ni el llanto. En un pueblo sin luz siempre hubo energía para cargar las sierras eléctricas.
Pero la tierra del pueblo es buena, sentencia Julio Enrique Buelvas, un campesino que lleva 50 años en Estados Unidos y que nunca se fue, ni siquiera cuando mataron a su padrastro, Víctor Manuel Chole, de dos tiros en la cabeza. Ahora, dice, de la misma tierra buena crecen las ganas para persistir y en la tarde de este domingo sin música pueden verse hombres que reparan los techos de sus casas. “Son las últimas familias que volvieron”, explica Julio mientras le rasca el hocico a una burra todavía sin dueño.

…la alegría

Es posible que la más feliz con la idea del nuevo transporte escolar sea Yesenia Hernández, la profesora de la escuela, una joven de 23 años que ya no sabe cómo terminó en mitad del monte enseñando geografía e historia universal a niños condenados a caminar, caminar y caminar.
“Es lindo saber que ahora llegarán menos cansados y que tal vez aprenderán más… es bueno saber que ya no tendrán que fatigarse tanto y que podrán ir y venir hablando con sus burros, repitiendo lo que leyeron en la escuela”, dice Yessenia, y los ojos se le iluminan. Ella cree que además de saber lidiar con culebras venenosas y saber sembrar maíz, los niños de Estados Unidos también deben aprender a escribir bien, no importa si después ni siquiera tengan que hacerlo para vivir.
Justo ahora la profesora se entera que hace apenas dos semanas, el jefe paramilitar ‘Jorge 40’ se presentó ante el juez con un cartelito en el que decía que su único propósito después de haber matado, matado y matado era la “reconciliasión de Colombia”, y escribió reconciliación así, con s. Yessenia apenas se ríe, pero nada más. Ya casi es de noche. Todos evitan nombrar al señor de la guerra, que además fue el dueño de Estados Unidos mientras sus hombres vivieron en el caserío. Un anciano se acerca y dice que llevará a los burros a un potrero para que coman y descansen. Los niños se amontonan y juegan con las colas y las orejas y los hocicos sin temor alguno. En Estados Unidos todos saben que los burros salvajes siempre fueron otros.
Es posible que la más feliz con la idea del nuevo transporte escolar sea Yesenia Hernández, la profesora de la escuela que ya no sabe cómo terminó en mitad del monte enseñando geografía e historia universal a niños condenados a caminar, caminar y caminar.
Costaron 20 millones de pesos
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Carlos Alberto Támara, alcalde de Becerril.
El alcalde de Becerril, Carlos Alberto Támara, compró un lote de 100 burros, cada uno por 200 mil pesos, es decir, la inversión total fue de 20 millones de pesos, lo mismo que vale un bus viejo. Los animales, todos jóvenes menores de dos años, fueron traídos de la Alta Guajira, y más difícil que transportarlos fue conseguirlos. En efecto, según el Alcalde, la proliferación de fábricas de embutidos y mataderos clandestinos en todo el país ha ido diezmando las poblaciones de burros de la Costa Atlántica, hasta el punto que conseguir estos 50 ejemplares tardó tres meses.

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